Ni el infierno supo que hacer conmigo.

 El diablo me miro a los ojos y reconoció mi cansancio. Se sentó a mi lado como quien ya no tiene prisa y me confeso que ni siquiera en el infierno había visto un dolor tan hondo como el mio. Dijo que allí el sufrimiento grita, arde y te consume, pero que el mio era distinto: silencioso, pesado, interminable.Se levanto despacio frente a mi y me abrazo con una compasión que no me esperaba. Me dijo que todo estaría bien, con una voz gastada , como si repitiera una mentira antigua. Yo le respondí que no lo sabia, que había dejado de creer en las promesas, incluso en las suyas. Le dije que solo quería dormir , dormir mucho tiempo, perderme en un descanso que no exigiera despertar. El diablo bajo la mirada. Por primera vez pareció perdido. Dijo que no sabia que hacer conmigo, que mi tristeza no ardía ni sangraba, solo se acumulaba día tras día, como una noche que no termina. Se alejo en silencio, dejándome solo con este peso obscuro, con este cansancio que ni el infierno sabe como cargar.


Comentarios

Entradas populares